La pobreza es contraria a la voluntad de Dios, combatirla nos eleva y nos glorifica ante el Creador.

Por Sergio Acevedo.

La lucha contra la pobreza es, más que un deber, una obligación irrenunciable de todo ente político, sin distinción alguna, porque se trata de un fenómeno que, aparte de que afecta a los individuos desde el punto de vista material, constituye el atentado más grosero que pueda recibir en su dignidad y en su libertad, la persona humana.

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